Rodrigo García Sáiz ha presentado su ópera prima Lluvia, un drama coral que retrata la condición humana con un relato universal en el que quiere dar voz a las personas cotidianas y con la que compite en Sección Oficial a concurso.

Se trata de una producción mexicana cuya historia está ambientada en una gigantesca y lluviosa Ciudad de México donde los descubrimientos vitales de los personajes se van entrelazando a través de las seis historias que componen el guion. Está basada en una colección de cuentos de Paula Markovitch. En total, seis relatos con distintos personajes que transitan por las calles de Ciudad de México, perseguidos por una lluvia intermitente y absortos en una desesperanza cotidiana. 

Respecto a la capital mexicana, su director ha afirmado que constituye un personaje más, además de la metáfora y el hilo conductor que conecta cada uno de los relatos. La ciudad también intensifica los sentimientos de cada uno de los protagonistas, quince personas solitarias en una gran ciudad que se enfrentan a un momento imprevisto, un acontecimiento extraño, luminoso y absurdo que les revela quiénes son. Después de este punto de inflexión,  vuelven a sumergirse en la confusión de los días cotidianos.

En rueda de prensa, García Sáiz ha aclarado que no son historias cerradas ni tienen un arco dramático convencional. ‘En este país de tantos abismos sociales, también hay historias luminosas en las que vale la pena detenerse y ponerse en el punto de vista de sus protagonistas’.

Para el casting optó por combinar actores experimentados con actores noveles para retratar un país diverso que a su juicio pocas veces se enseña. Esta película ha supuesto para el director ‘el viaje de su vida’, ha asegurado.

Al director lo han acompañado en su presentación las actrices Morganna Love y Cecilia Suárez. Love ha resaltado que lo realmente maravilloso de este largometraje es que ‘los personales son reales, humanos y oscuros y luminosos al mismo tiempo’.

Por último, García Sáiz ha confesado que al tratarse de una película coral, era consciente de que podría correr el riesgo de que los espectadores conectasen más con una historia que con otra, ya que es imprevisible que el público empatice más con un personaje o con otro. No obstante, fue un riesgo que le gustaba y optó por dejar las historias abiertas para que cada espectador empatizase con cada uno de los personajes desde su propia experiencia vital.

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