La artista confirma el espacio que la marca reserva siempre al jazz en su programación, con un repertorio que combinó estándares del Great American Songbook y un homenaje a Annette Hanshaw.

Hay noches en Starlite Occident que no necesitan ruido para dejar huella. La de ayer fue una de ellas. La Cantera de Nagüeles se transformó en un club de jazz íntimo bajo el cielo de Marbella, con Diana Krall al piano y una audiencia entregada desde la primera nota. Entre el público, Valeria Mazza y su marido, Alejandro Gravier, siguieron el concierto con la complicidad de quien reconoce que está en el lugar donde hay que estar esa noche. 

Diana Krall llegó a Starlite Occident acompañada de tres músicos de referencia internacional: Marc Ribot a la guitarra, Dennis Crouch al contrabajo y Jay Bellerose a la batería. Desde el escenario, la pianista y cantante canadiense se dirigió al público marbellí con palabras sencillas y cercanas: “It’s a beautiful place with amazing musicians”, confesó, agradecida por la energía que sentía desde el primer acorde. Antes de despedirse, quiso dejar claro lo que la música representaba esa noche: “I don’t have a lot of words, but I can express them to you in this music.”

El repertorio recorrió lo mejor del Great American Songbook, con paradas en Joni Mitchell y en el legado de Nat King Cole, además de un homenaje explícito a Annette Hanshaw, voz emblemática del jazz de los años veinte y treinta que Krall quiso recuperar para el público de Starlite Occident. Un gesto que reforzó lo que ya es marca de la casa: la artista no interpreta canciones, cuenta historias, y esa noche eligió contar la del propio origen del jazz.

Diana Krall se ha convertido ya en un clásico de la programación de Starlite Occident: la de anoche fue su cuarta visita, un vínculo que se repite temporada tras temporada y que confirma algo que sus starliters ya saben — hay artistas que no vienen de paso, vienen a casa. En su programación, Starlite Occident guarda siempre un espacio propio para el jazz, y Krall ha sido, edición tras edición, la anfitriona natural de ese hueco.

La velada reunió, además, a un público que combinó el rigor del melómano con la elegancia habitual de las noches de Starlite Occident. Valeria Mazza y Alejandro Gravier disfrutaron de cerca de un concierto que confirmó, una vez más, que la música en Cantera de Nagüeles se vive con la misma intensidad se trate del género que se trate. Starlite Occident cierra así otra noche irrepetible, en la que el jazz volvió a demostrar que tiene casa propia en Marbella.

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